Tanto tiempo sin palabras y sin letras, con silencios y agonías, me han hecho hablar. ¿Y hablar para qué? ¿De qué? ¿Para que me quiten las palabras?...
Pero rompo el silencio, porque me abruma la incertidumbre.
¿Sabéis como ahoga la incertidumbre a un marino perdido en el mar, que cree saber que la costa esta cerca, pero que, tal oasis, parece nunca llegar? Y, sin alcanzar la costa, llegaron los tiempos de tormenta, de agonías, de perderse fuera de la pecera. Y, de nuevo, la incertidumbre. El miedo de no poder contar hasta diez, porque se acaba el dinero y nos quedamos sin números. Los bancos vacíos, los bolsillos, también. El gobierno de aquí, el de allí, el otro gobierno... el de los alemanes, franceses, griegos, portugueses... Demasiados gobiernos para tanta deuda y tan poco dinero.
Y yo, espero viéndomelas venir. Pero, por si acaso, me voy a recortar y arreglar la barba, antes de que alguien, el alien de los recortes, se me adelante.
