Soy un pirata bueno, un Robin Hood de los mares, un bucanero de las denuncias. El Capitán Sparrow y Bartholomew Roberts son mis amigos. No quiero saber nada de Barbanegra desde hace siglos. No soy Chanquete, ni trabajo para Iglo ni Pescanova. Este blog es mi galeón, Círculos Cerrados. ¡Qué más da dónde esté! Todos estamos navegando. Yo navego entre aventuras, ratones y fantasmas. Todo lo real, lo de la tierra firme, tiene su reflejo, surrealista, en este espacio. ¡Zarpen conmigo que os contaré historias! Mis historias, las historias de piratería.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Descabellada Leonor (I)

La Habana es la capital de la República de Cuba y de las provincias Ciudad de La Habana y La Habana. Es también conocida por el nombre fundacional de Villa de San Cristóbal de La Habana y La Ciudad de las Columnas por el escritor cubano Alejo Carpentier. Fue fundada el 16 de noviembre de 1519 por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar. SU caso histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 


Fuente: Wikipedia


Unos días antes de perderla para siempre, Leonor se cortó el cabello.  Sus rizos rubios y canos  dejaron de juguetear con su rostro para alfombrar toda la cubierta. Por aquel entonces nos dirigíamos rumbo a La Habana, en busca de son y de la magia que comparte con Ciudad Salada.

Una vez anclados en el seguro Puerto de La Habana, Leonor se escapó del barco. Con la cabeza cubierta con un pañuelo rojo, deambuló insomne por las calles habaneras como alma vagabunda o en pena. Ahora que lo pienso, creo que Leonor no sólo había perdido el pelo, también había perdido su cordura.

Yo, que le había regalado una vida de goces a caballo entre el Círculos Cerrados y todos los puertos del mundo, me sentí impotente. En los primeros años ella parecía feliz, disfrutaba de los viajes tanto como yo, en esta semi libertad que inventamos dentro de la prisión que fue mi barco. Siempre había temido que Leonor enloqueciera y se prendiera fuego como lo hizo mi madre; afortunadamente no fue así., aunque la vida nos tuviera guardadas otras desagradables sorpresas. No moramos en un hogar fijo; aunque ella, por temporadas, me abandonara en alta mar para pasar largas temporadas en Argentina con su familia. El resto del año era mía, aunque a veces pareciera un fantasma más de la bodegas o una ruiseñora atrapada en una jaula de oro.

Tal vez, si hubiéramos tenido hijos, hubiéramos tenido algo más por lo que luchar. Pero ella nunca quiso. Yo  le clamaba por un sucesor, un joven aventurero que tomara el timón como relebo cuando yo ya no esstuviera. No pudo ser. Para Leonor traer al mundo una nueva vida, condenaba al nacido a  la infelicidad. Ella habia vivido en sus carnes la inocencia de los primeros años y el progresivo entristecimiento de la vida cuando te obliga a crecer. Y no quería eso para un hijo. No quería traer al mundo un infante que acabara sufriendo en este cruel y loco mundo. Al final, yo la acabé comprendiendo.

Lo que nunca comprendí fue esa manía de dormir poco. Leonor los días los pasaba en vela y las noches también. Solía sentarse a leer libros a la luz de una titineante vela en su camarote biblioteca. Me solía decir que dormir mucho le restaba días de vida. Y esa falta de sueño fue lo que acabó volviendo loca.



Continuará ...

9 ó COMENTAS, o A LOS TIBURONES:

Capitán Clostridium dijo...

Ya nos queda poco para saber qué le pasó a Leonor, o qué le hizo la muerte o la vida para apartarla de mí.

(mode piratilla off)

Bueno, he escrito esto porque tenía ganas de hablaros de Cuba, porque la idea de una persona encerrada en un barco me parecía una metáfora perfecta, porque dos de los miedos que rondan en mi cabeza son el domir demasiado y la ambivalencia de ser padre. ¿Traer hijos para qué?

Pluma Roja dijo...

Ufffff, Capitán, que bella historia autobiográfica. Su Leonor es un personaje apasionante. Me encanta.


Vio, pase a ver las publicaciones de mis queridos amigos y me encuentro con esta narración de verdad enternecedora.

Le sigo deseando felicidades. Pronto regresaré y nos estaremos leyendo. Si puedo regreso a leer su continuación. Estaré pendiente.

Un saludo cordial y cariñoso para usted mi querido Capitán.

Menda. dijo...

Pobre Leonor. En fin, ardo en deseos de saber como continúa esta historia.

Hijos? Y por qué no?

Andrea dijo...

Dos grandes inquietudes, la de los hijos difícil y muy personal, cada unos sabe hasta dónde puede atreverse en esta vida, escuchar a los demás ayuda pero la decisión la tomas solito. Comprendo a Leonor, un beso capitán!

Francisco Galván dijo...

Psrece que llego en el momento justo, para iniciar la lectura de este bonito relato. Vine como cortesía, en devolución de visita, aunque ya te había viso comentar por ahí en blogs de amigos que tenemos en común, y me gusta lo que veo y leo.
Además tienes otros tres blogs (demasiado para mí y mi manejo del tiempo). Me centraré en este.
Aprovecho para felicitarte las fiestas, capitán.

rosama dijo...

A mi me parece apasionante la vida en un barco recorriendo mares, pero está visto que al final la soledad hace mella y pierdes la cordura, impaciente estoy por saber el final.
Saludos.

verdial dijo...

Que horrible no poder dormir, además de la carga emosional que Leonor llevaba a cuestas. ¿No la encontraste más?. Yo me huviera quedado en esa semiprision consentida. Tanta belleza hay en ese amor y ese mar...

BEsos

Alís dijo...

Temo que acabaré loca como Leonor, por pasar los días en vela y las noches también. Y mal augurio el de encontrar su blog, capitán, porque tendré que encontrar tiempo extra para seguirlo. Eso no lo dude.
Un abrazo pirata

Capitán Clostridium dijo...

Allis, muchas gracias por tus palabras y por llegar aqui, en estos tiempos de falta de navegantes.
SI quiere, puedo piratearle un poco de tiempo. ¿Sabe? El tiempo es relativo. La lastima es que en la Blogosfera pase tan rápido. ¡No pudieron haber creado el efecto contrario?

SALVADOS DE LOS TIBURONES

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