Yo, Capitán Clostridium, amante de ecuadores, de las dos caras de una moneda, de los dos mares que separan una misma tierra. Yo, hago balance de las cosas contables e incontables, cuento recuerdos, como monedas doradas y adoradas de este año que se va, y nos hace un año más viejos. Más viejos o más sabios, más diablos y menos inocentes; videntes tristes en un mundo de ciegos.
Yo, Capitán Clostridium, me siento en la mesa de la última cena del año, y la presido. De un lado, 2009, lo conocido, lo que fue bueno y lo que fue malo. Del otro, 2010, con su belleza y su misterio, con sus tormentas, huracanes y tesoros por descubrir.
Esta noche es mágica. Por una noche, citando a Mecano, todos los "españolitos" (y los que no) hacemos, por una vez, algo a la vez. Todos. Todos, durante los primeros segundos del 2010, estaremos tan asustados como alegres, expectantes de lo que hadas y monstruos nos hayan preparado. Un caminar, en el tiempo y en el espacio, en lo desconocido; de entre decisiones que tomaremos que configuraran nuestro destino. ¿Y qué hay más bonito y esperanzador que tener destino? Hay quien ya no lo tiene, quien nos dejó en el 2009 y a quienes echaremos, para siempre, de menos.
Y de entre sabores dulces y amargos, rescato de esta gran cesta lo más significativo que fue, en la insignificancia y en la vagancia de 365 días y 12 meses. Atrapo los momentos felices del relax de mis baños de mar, mis deambulares entre historias de piratería y otras mucho más mundanales, el sabor a sal de los besos y de los abrazos cómplices.
Quisiera celebrar un entierro para las mentiras. 2009 fue un año en el que descubrí algo, que siempre me quise negar: que todo el mundo miente; los jefes categóricos de la incompetencia y los engaños nominales; los amantes, los amigos; los perros, las gaviotas y hasta el hombre del tiempo... Mentiras, que ponen en duda la fiabilidad de las personas. Por eso pido volver a ser capaz de creer y de confiar, en este nuevo crucero que se acerca.
Quisiera cerrar círculos audiovisuales, quedarme con las mejores canciones, que casi no hubo; los mejores fotogramas y las mejores fotografías, que nunca colgaré en Facebook. Fotografías, que no quiero dejar de hacer; y viajes, como el Nueva York prometido cada vez más cerca.
Cierro este año, iniciático en este mundo de publicar ideas y sentimientos. Un tiempo en el que he recuperado el placer de contar historias y el deleite de la escritura. Siete meses de "Círculos Cerrados" por Capitán Clostridium y por mí. Siete meses de aburrimiento laboral, de peceras y desencuentros, de esperas en el cobro del jornal y en la realización de ilusiones. De mano del Capitán he conocido mares y océanos, curiosidades, Leonores y Bonifacios; pero, sobre todo, he conocido personas, a todos ustedes. Lectores fieles y ocasionales que dan sentido a todo este universo. Amigos, muchos, escondidos bajo nombres y apellidos o tras los pseudónimos del anonimato. Deseo que el 2009 se os haya portado bien, y que mi presencia os haya alegrado, algo, entre tanta crisis, gripes y miserias.
Rompo un círculo cerrado para convertirlo en elipse. Una elipse que se abre al infinito, porque me da la gana, porque auguro grandes éxitos y porque, a pesar de todo (golpes, caídas, sueños rotos, resacas...), sigo siendo iluso.
Feliz Año, M.





